Volver nunca es simplemente volver. Mucho menos cuando en el medio hubo una lesión grave, una recuperación larga y una serie de problemas físicos que fueron postergando una y otra vez el regreso. Eso lo sabe y mucho Juan Infante.

El lateral volvió a ser titular en Atlético después de varios meses y completó los 90 minutos frente a Instituto. Fue apenas su tercera participación desde el arranque del año y, más allá del resultado, hubo algo que para él tuvo un valor especial: volver a sentirse futbolista durante un partido completo. “Hace meses que no jugaba. Lo importante era tratar de cumplir, de ayudar al equipo y, por suerte, se sumó un punto importantísimo contra un gran rival”, explicó Infante después del duelo contra la “Gloria”.

La última vez que había jugado desde el arranque había sido en abril, en la derrota 2 a 1 frente a Rosario Central. Y después solo siete minutos por Copa Argentina frente a Talleres, en mayo. Por eso, para entender lo que significa esta vuelta hay que mirar un poco más atrás.

Desde la rotura de ligamentos cruzados que sufrió en marzo del año pasado, Infante nunca pudo recuperar de manera sostenida aquella versión que lo había convertido en uno de los laterales más regulares del “Decano” en el último tiempo. El problema, más que en lo futbolístico, estuvo en un físico que durante demasiado tiempo no le permitió encadenar minutos..

Hubo lesiones musculares, desgarros y hasta una artroscopia de rodilla por una cuestión vinculada a los meniscos. Para colmo, cada vez que parecía acercarse el regreso definitivo, aparecía un nuevo obstáculo.

Por eso, completar el compromiso del último sábado tuvo un significado que va más allá de una estadística. “Terminé bien, un poco cansado, que es algo normal por la falta de competencia. Pero, de a poquito, vamos agarrando el ritmo y, por suerte, trato de aportar al grupo desde donde me toque”, contó.

Julio César Falcioni también tuvo algo que ver. Ante la ausencia de Ignacio Galván, el entrenador debía elegir entre la experiencia de Infante y la juventud de Ramiro Paunero. Se inclinó por el primero; y antes del cotejo buscó quitarle presión. “Me dio su confianza. Me dijo que estuviera tranquilo, que fuera de menor a mayor, que no me volviera loco y que, más que nada, lo tomara con calma”, reveló Infante en diálogo con LA GACETA.

La elección del entrenador implicaba una apuesta. Atlético podía perder algo de la potencia y la vitalidad que Galván ofrece por ese sector, pero ganaba experiencia, conocimiento del puesto y, sobre todo, la posibilidad de recuperar a un futbolista que alguna vez tuvo un papel importante en el equipo.

Infante tiene 30 años, conoce el club y las exigencias de Primera. Atlético, además, empieza a necesitar algo que durante buena parte del año le faltó: alternativas.

Con la Copa Argentina y el torneo en plena disputa, en 25 de Mayo y Chile no quieren dar ningún tipo de ventaja y recuperar jugadores puede ser casi tan importante como incorporar.

El ex Platense es consciente de ello. Por eso no habla de revancha ni hace grandes promesas. Su discurso es mucho más sencillo: sumar, trabajar, volver a encontrar ritmo y, sobre todo, serle útil a un equipo que necesita de todos para poder cumplir el objetivo trazado.

“Apuntamos a tratar de meternos entre los ocho primeros. También seguimos con la Copa Argentina, que hay que darle mucha importancia. Tenemos que seguir trabajando y avanzar por este camino”, aseguró.

En ese trayecto, mantener el arco en cero también ocupa un lugar importante. Atlético consiguió contra Instituto un punto que Infante considera valioso, especialmente en un torneo en el que las diferencias son cada vez más pequeñas. “Los partidos se están definiendo mucho por detalles porque está todo muy parejo”, analizó.

Quizás eso también explique su manera de mirar este regreso. El lateral no necesita demostrar todo en un encuentro. Después de tanto tiempo esperando, lo que busca es algo bastante más sencillo y, a la vez, bastante más difícil: continuidad.

“De a poquito vamos agarrando el ritmo que pretendo”, repite. Y para un futbolista que durante mucho tiempo debió aguardar su chance, tal vez ese sea el verdadero comienzo.